Capítulo 5: Los emprendedores también tenemos cuerpo.

Hola, hola ✨
Soy Daniela Ugazzi

Hay meses que parecen largos. Llenos de planes, reuniones, listas y proyectos.

Y hay otros meses que, cuando miras atrás, se sienten como si hubieran pasado en un solo suspiro.

Así fue febrero para mí.

Un mes corto en el calendario, pero extraño en el tiempo. Porque en realidad, casi no estuvo.

Pausa inesperada

La primera semana de febrero me fui de viaje. Un viaje de trabajo, de arte y placer. Un viaje que me permitió aprender, conocer a gente, construir alianzas, para cuando regrese, aplicar, gestionar y avanzar.
Sin embargo, no sabía que ese paréntesis sería también el inicio de otro tipo de pausa.

Una pausa que no había elegido: el día después de mi regreso, me enfermé. No fue una gripe ligera ni uno de esos resfriados que te acompañan mientras sigues trabajando.

Fueron doce días: siete de ellos prácticamente sin poder trabajar, sin poder pensar con claridad, sin energía para leer, escribir o planificar.

Para alguien que trabaja con ideas, estrategia y acompañamiento, quedarse sin claridad mental es extraño. Es como si alguien hubiera apagado la luz de la habitación.

Y de pronto te das cuenta de algo que muchas veces olvidamos cuando hablamos de emprendimiento: los emprendedores también tenemos cuerpo.

Y ese cuerpo, a veces, se enferma.

Emprender cuando estás enferma

Cuando hablamos de emprender, solemos hablar de estrategia, planificación o crecimiento. Pero casi nunca hablamos de algo mucho más humano: qué pasa cuando emprendes y tu cuerpo no está bien.

Cuando tienes fiebre, cuando no tienes energía, cuando tu mente está lenta. La narrativa del emprendimiento muchas veces celebra la productividad constante.

Pero la realidad es otra.

Hay momentos en los que simplemente no puedes avanzar.

Y en esos momentos aparece una pregunta incómoda: ¿Qué pasa con tu negocio cuando tú no puedes estar al cien por cien?

Para mí, febrero fue un recordatorio muy claro de algo que intento trabajar también con mis clientas: un negocio no puede depender únicamente de nuestra fuerza diaria.

Tiene que sostenerse también en estructura, relaciones y propósito.

¿Y el bajón que nadie te cuenta?

Después de esos días de fiebre, el cuerpo empezó a recuperarse. Pero apareció algo que no esperaba: un bajón emocional. Me sentía triste, cansada, desilucionada, desepcionada; me sentía “vaga”. Una sensación difícil de explicar.

A veces después de una enfermedad llega lo que muchos médicos llaman bajón post enfermedad.

El cuerpo ya no está enfermo, pero todavía no ha recuperado su energía. Y el ánimo tampoco.

Como emprendedores, muchas veces pensamos que cuando la fiebre baja, todo vuelve a la normalidad.

Pero no siempre es así. La recuperación también tiene su propio ritmo. Y en ese ritmo hay días donde todo parece un poco más pesado.

Lo que me sostuvo este mes

En medio de esos días, hubo cuatro elementos que hicieron toda la diferencia. Tres recordatorios de cosas que, si emprendes, conviene no dejar de cultivar nunca.

1.Un círculo cercano:

En mi caso, mi familia y mis amigas.

Los emprendedores necesitamos comunidad mucho más de lo que solemos admitir. Durante mucho tiempo creemos que emprender significa poder con todo solos. Pero la realidad es otra.

Mostrarse vulnerable, pedir ayuda y aceptar recibirla también es parte del crecimiento.

2. Hablar con más emprendedores:

Hablar con otros emprendedores sobre las “vacas flacas”, los momentos de duda o de cansancio, tiene algo muy poderoso: te recuerda que no eres la única persona atravesando esos días difíciles.

Y que el camino del emprendimiento, aunque a veces parezca solitario, no tiene por qué recorrerse en soledad.

3. El ejercicio como cuidado de la mente

Cuando el cuerpo empieza a recuperarse, moverse un poco puede cambiar mucho el estado mental.

No hablo de entrenamientos intensos ni de objetivos deportivos. Hablo simplemente de salir a caminar, respirar aire fresco, volver a sentir que el cuerpo está vivo.

El ejercicio, incluso en pequeñas dosis, tiene algo casi medicinal para la mente. Ayuda a despejar pensamientos, a salir del bucle de la preocupación y a recuperar poco a poco la sensación de energía.

3. Mis clientas:

A pesar de estar enferma, seguía pensando en ellas.

En sus proyectos, en sus dudas, en los pasos que estaban dando.

Todas entendieron la situación y me apoyaron con una generosidad que agradezco profundamente.

Y eso volvió a confirmarme algo que para mí es central en el emprendimiento:

cuando tu trabajo está conectado con un propósito real, incluso los momentos difíciles encuentran sentido.

Porque no se trata solo de trabajar.
Se trata de acompañar procesos, de ver crecer ideas, de formar parte de algo más grande que una agenda o una lista de tareas.

Y cuando eso ocurre, incluso los días más lentos siguen teniendo valor.

Lo que febrero me enseñó

Febrero fue corto, pero también fue un recordatorio: emprender no significa vivir en una línea ascendente constante.

El cuerpo a veces pide pausa, el ánimo también necesita tiempo. E incluso cuando parece que el mes desapareció entre fiebre, descanso y recuperación… la vida sigue avanzando.

Más despacio, pero avanzando.

Si tú también estás en un momento en el que tu energía no es la de siempre…

si estás atravesando una enfermedad, un cambio o una etapa difícil…

quiero decirte algo que muchas veces olvidamos cuando hablamos de emprendimiento:

no todos los meses tienen que ser meses de crecimiento.

Algunos meses son simplemente meses de sostenerse.

Y también eso es parte del camino.

De la idea a la acción, hecho con propósito desde Madrid ✨
© Daniela Ugazzi |
Madrid, 28 de febrero 2026

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